VILLA ALBINA

Foto: Fundación Patiño - "Villa Albina"

Por: Carola Pozo Cortez

En 1915, Simón I. Patiño ordenó la elaboración de los primeros planos para su casa de campo, Villa Albina, en las tierras que acababa de adquirir en Pairumani, al pie de la cordillera del Tunari.

Movido por el deseo de crear alrededor de esa propiedad una verdadera hacienda agrícola y ganadera, poco a poco fue adquiriendo los terrenos adyacentes para constituir una gran superficie cuya parte central es la Granja Modelo Pairumani tal como se la conoce hoy en día.

A partir de 1917 emprende la construcción de establos, corrales, porquerizas y caballerizas para los distintos animales comprados en Argentina, E.E.U.U. y Europa. Con el paso del tiempo, a estas instalaciones se sumaron una lechería, una fábrica de hielo, un molino industrial y la construcción en una labor titánica a mas de 4,000 m de altura del dique de San Francisco sobre el río Tunari, cuyas aguas del lago artificial permitían el riego de los cultivos y la generación de energía hidroeléctrica necesaria para el funcionamiento de la granja, gracias a una central eléctrica situada al pie de la cordillera.

Con todas estas infraestructuras, en 1928 la granja alcanzó su velocidad de crucero, convirtiéndose en la pionera de la lechería industrial en Bolivia

Foto: Fundación Patiño - "Villa Albina"

El Barón de Estaño soñó con vivir en este sitio, que ahora es un crisol de investigación y paraje de excursión familiar

Un camino flanqueado de imponentes ceibos de copas rojas marcan el camino de ingreso a Villa Albina, un complejo que se ha convertido en un bastión de respeto ecológico y un espacio de paz y armonía con la naturaleza.


Se trata de un espacio de servicio a la sociedad y un paseo turístico de 260 hectáreas de terrenos cultivables y 100 de áreas forestales, que la Fundación sostiene en copropiedad con los ex colonos.


Allí funcionan tres importantes proyectos: la Granja Modelo, el Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas y el Centro de Semillas; además, desde 2001, se ha implementado el Parque Ecológico. Todos estos espacios pueden ser visitados por la población, con la planificación correspondiente.

La edificación central de Villa Albina, nombrada así en honor a la esposa de Simón I. Patiño, mantiene intacta la elegancia con la que fue diseñada alrededor de 1920 por el arquitecto José Aurigas (con algunas modificaciones de Max Franz) y luego edificada por el constructor francés F. Nardín.

 

Las habitaciones están organizadas en torno a un patio central cuadrangular, en el que una fuente completa el conjunto que se caracteriza por la luminosidad y tranquilidad.


En la planta baja estaban ubicados los salones de recepción, sala de billar, comedor, salón de baile, tocadores y el escritorio de Patiño. Todos con trabajados muebles de estilo "arte nouveau". Pesadas cortinas, empapelados vieneses, lámparas de alabastro y cuadros de época completan el conjunto.

Completan jardines, con esculturas de mármol y decenas de especies de árboles. Allí está también el Mausoleo edificado en mármol en el que descansan los restos de los esposos Patiño y de sus hijos René, Antenor y Graciela.

 


Foto: pcerisolafernandez

Investigación


Parte de los ambientes de Villa Albina han sido convertidos en laboratorios del Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas, en los que especialistas trabajan con avanzadas tecnologías para preservar la variedad genética de diversos productos naturales y para crear semillas mejoradas, resistentes a enfermedades, sequías, más nutritivas y de mayor producción.


La semilla nueva, explicó el director de la Fundación en Bolivia, Gonzalo Ávila, ha producido un incremento en la producción que ha significado un incremento de los ingresos de los productores de casi 8 millones de dólares por año. Instituciones y colegios tienen la oportunidad de conocer este trabajo, concertando con antelación una visita guiada.


Granja sin par y parque


Colegios e instituciones pueden visitar la Granja y conocer el modelo "agrobiológico" con el que trabajan, un sistema sin par en Latinoamérica que respeta tanto el suelo, las plantas y los animales, evitando usar productos químicos de síntesis, contaminar el medio ambiente y evitando la erosión de los suelos.


Vacas y toros no son vistos allá como una fábrica, sino como un organismo. Allí se une lo mejor del conocimiento tradicional con la más avanzada tecnología.


Los animales reciben infusiones de miel y linaza desde bebés, pero también se trabaja con inseminación artificial. Este es el hogar de "El Mallku", un toro de 800 kilos de la raza holandesa holstein.


El parque ecológico (que ha sido dado en comodato al SAR-Bolivia) está plagado de vertientes de límpidas aguas que descienden directamente del Tunari, un gran bosque de eucaliptos y de qewiñas. Allí, con un ingreso de tan solo 1 boliviano por persona, se puede hacer un día de campo con comodidad y seguridad en una de las 16 áreas de camping.

 

Fuente: Fundación Simón I. Patiño