¿SE DEBE SOBREEXIGIR A LOS HIJOS?
Por: Carola Pozo Cortez
En muchas oportunidades los padres se sienten acorralados cuando ven que su niño es difícil de controlar. Ante esta situación analizemos el comportamiento de los padres y las madres a ver si, como tales, van cumpliendo adecuadamente su rol.
Se han realizado estudios donde se ha observado que tanto papás como mamás perciben que la crianza de los hijos es más complicada de lo que parece, pues sienten una carga muy pesada a la hora de manejar a chicos “difíciles”.
Pero aquí entra en juego las expectativas que los padres tienen en relación a la edad de los hijos, muchas veces son deseos irracionales. No olvidemos que muchos padres trabajan por lo tanto no tienen mucho tiempo para dedicarse a su crianza, la carga pesada del trabajo no les permite armarse de paciencia y por otra parte no observan los tiempos de desarrollo de los chicos, lo que deriva inevitablemente en una escalada de violencia, situación a la que se llega por no haber puesto reglas claras de entrada.
Dentro del acto disciplinario que los padres ejercen hacia sus hijos, se evidencia que el 72,30% los disciplinan con gritos, cachetadas y chirlos, afirmando que es el único modo que encuentran para lograr cierto control que en definitiva no lo es.
Acciones como estas, logran solo un deterioro en la salud psíquica del niño y la relación de este con su entorno.
Esta demostrado que es necesaria la presencia activa de los padres, especialmente en la etapa de 0 a 5 años, ya que esto les demuestra seguridad, disponibilidad y muestra de amor constante.
También esta demostrado que si un niño siente que sus padres esperan mucho de él y el chico demuestra que no los puede cumplir, esta acción puede dar lugar a problemas de conducta, empezando con el silencio hasta la agresión a propios y extraños, como los casos que se dan en los jardines donde los niños muerden o pegan a sus compañeros.
Fuente: Fundación Aralma
Tener paciencia
En primer lugar los papas deben comprender que si su niño no entiende ciertas cosas, no quiere tomar la leche o no quiere almorzar, no quiere ordenar su habitación, o no quiere compartir juegos con otros chicos, no son problemas que merezcan castigo.
Los niños requieren su propio tiempo para procesar cada aprendizaje, por lo tanto, si los padres llegan a comprender esto, las tensiones y la ansiedad pueden disminuir, lo que permitirá manejar mejor la situación e implementar reglas de juego con cariño y suavidad.
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